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Also read Morrissey’s thoughts on Thatcher.
Lo cuenta fácil Ramón Lobo en este post.
“Los periodistas somos corresponsables del desastre y pagaremos caro por ello. Ya lo pagamos en las cifras de ventas, en las audiencias. Estamos perdiendo lo único que nos puede garantizar un futuro: la credibilidad. Sin ella no somos nada, solo ruido, personas que escuchan y apuntan lo que dicta una televisión.
No es solo una imagen terrible. Es la prueba fotográfica de un fallo colectivo de los principios periodísticos. ¿Existen pruebas fehacientes de que sea realmente Mariano Rajoy?”
Desde Reset proponemos algunas ideas:-1- Que el presidente mande audios enlatados vía Whatsapp, o Souncloud. Los periodistas lo tendríamos más fácil si pudiéramos hacer clic en un botón que rezara:
Nuevas actualizaciones: “Declaraciones de Mariano Rajoy. Tags: esperanza, crecimiento, progreso, viva España”.
-2- Es importante mencionar la fuente cerrada de la que proviene la “información” que publicamos:
“El Presidente del Gobierno ha declarado en su última actualización que [blabla]. Para escuchar el audio completo, diríjase a Moncloa Podcasts”.
-3- Si esto va a seguir así, estaría bien establecer un calendario festivo de la preguntas y las respuestas. Una especie de maratones para periodistas ansiosos (al estilo del programa “Tengo una pregunta para usted”, de TVE). Considérese la audiencia potencial de estas jornadas informativas en directo.
-4- También proponemos algún tipo de hackeo del monitor que muestra la cabeza parlante de nuestro presidente. Quizá conseguimos que alguien del servicio técnico intente arreglarlo. Tal vez comparezca algún portavoz para leer “lo que el presidente habría querido decirles a ustedes”. Así crearíamos una noticia. Imagínense que sale él mismo a hacerse de apuntador.
-5- Puestos a probar nuevos formatos, hagamos un Hangout. Quizá lo que teme Rajoy es quedarse a merced de un grupo de periodistas enfadados. Pongamos aire de por medio, una videoconferencia.
-6- También es posible boicotear al gobierno y no asistir a ninguna rueda de prensa holográfica. Que el departamento de prensa haga llegar sus textos a las redacciones, y que éstas los utilicen como crean conveniente. Esa ruptura efectiva de una relación que ya está rota podría ser el detonante de algo mejor, algo nuevo. Pero detengamos esta farsa.
No trailer.
Someone come watch this with me.
Esta peli tiene muuuy buena pinta. Cuenta algo de lo que yo no tenía ni idea hasta ahora. Al parecer, de acuerdo a la Constitución Política promulgada en 1980 en Chile, Pinochet debía cesar su cargo en 1989. También de acuerdo con el texto constitucional, se debía convocar un referéndum para votar Sí o No al candidato a la presidencia que iba a suceder a Pinochet y que era propuesto por los peces gordos de las Fuerzas Armadas y los Carabineros. Si ganaba la opción No, se daba apoyo a la Concertación de Partidos por el No, principal oposición de la dictadura de Pinochet.
Lo interesante de todo esto empieza en la campaña que se inicia para pedir votos. Sobre todo desde el bando del No, se inicia una campaña política curiosa: véase el bucólico spot La Alegría ya viene y compárese con la campaña del bando del Sí.
Los resultados [de la campaña] fueron lamentables. Al cabo de muy pocos días nadie pudo ignorar la evidente superioridad técnica de la franja del «No»: mejor construcción argumental, mejores filmaciones, mejor música. Su melodía característica, en torno a la frase «La alegría ya viene», era tan pegajosa, que hasta los creativos de la Campaña del Sí en sus reuniones de brainstorming la tarareaban inconscientemente.Sergio Fernández, ministro del Interior
Se ve una concepción de las campañas políticas como campañas publicitarias, algo que hoy por hoy ya se ha generalizado y se ha convertido en algo conocido como Márketing Político. Porque la política, como todo, se tiene que vender, y se tiene que vender como algo atractivo, apelando a los mismos instintos que se apelan cuando se quiere vender un refresco. De esta forma su triunfo dependerá, más que de lo que se proponga o plantee en dicha campaña político-publicitaria, de factores como “la construcción argumental, las filmaciones o la música”, como dijo Sergio Fernández.
Por supuesto, ganó el No. Quién sabe si porque el pueblo quería iniciar un nuevo período político en Chile o si porque asociaban el No con un arcoiris y la cancioncilla de La Alegría ya viene se les había pegado. .
Hoy me he encontrado con la noticia de que el Tribunal Superior ha dado la razón al centro que vetó a una alumna por llevar velo, hecho que se remonta a 2010 y por el que a la chica, de 16 años en el momento, se le prohibió ir a clase, aunque se “le permitió pasar las seis horas de la jornada lectiva en la sala de visitas excepto cuando acuden huéspedes”.
En el artículo 16 de la Constitución española se establece:
Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.
Al parecer, el reglamento del centro prohíbe “ir vestido de forma provocadora o llevar la cabeza cubierta”. De ahí se deduciría que el velo de la chica, una manifestación de su libertad religiosa, entra en colisión con el orden público. Pero, ¿qué clase de orden es ese que prohíbe taxativamente llevar la cabeza cubierta ya sea con un gorra de los Lakers, con un gorro de H&M o con un velo que forma parte de tu cultura? Ese es el reglamento por el que la libertad religiosa y de culto queda en segundo lugar. De esta forma se anula una cultura y un principio religioso, reduciéndolo a una tela que cubre el pelo de una chica.
Por otra parte, estamos hablando de un reglamento que también estipula que está prohibido vestir “de forma provocadora”, ¿provocadora para quién? Porque yo tuve un profesor en bachillerato que me quiso prohibir ir a clase con unos pantalones con rotos porque los consideraba “ofensivos”.
En todo momento parece que esta noticia se resume en eso: juzgar una cultura que consideramos retrasada con respecto a la nuestra, o directamente, juzgar en el mismo nivel normas culturales con simples elecciones de vestuario. La religión musulmana existe, y prohibir a una chica ir a clase con velo es lo mismo que prohibirle ir a clase POR ser musulmana. Porque el velo está directamente relacionado con la religión que esa chica profesa.
¿Nos sentimos en una especie de obligación, desde nuestra cultura considerada por nosotros mismos como más avanzada y superior, de hacerles ver a aquellos con una cultura diferente que están en un error? Para mí es un progreso de pacotilla aquél que sitúa en las propias mujeres el problema de que en algunas culturas el pelo femenino sea tabú, y la solución en que las mujeres se quiten ese velo.
Porque decir a una mujer cómo debe vestir o cómo no debe hacerlo es muy pro-derechos-de-la-mujer…







